La Fórmula 1 ha experimentado cambios significativos en su reglamentación técnica en los últimos años, todos con el objetivo de crear carreras más igualadas y espectaculares. Sin embargo, las autoridades encargadas del deporte, incluida la Federación Internacional del Automóvil (FIA), han admitido recientemente que ciertos aspectos de las normativas anteriores no funcionaron como esperaban. En retrospectiva, reconocen que algunas decisiones no tuvieron el impacto deseado y que la evolución constante es crucial para garantizar el éxito y la competitividad del campeonato.
Durante las últimas temporadas, la F1 enfrentó críticas acerca de la dificultad para realizar adelantamientos, la brecha de rendimiento entre equipos punteros y escuderías de mitad de tabla, así como ciertos elementos técnicos que no cumplieron con las expectativas iniciales. En este sentido, la FIA ha señalado de manera transparente que hubo un “error” en la regulación anterior y que están tomando en serio las lecciones aprendidas para el futuro.
La introducción de las reglas de 2022, con coches de efecto suelo y otras modificaciones aerodinámicas, tenía la intención de reducir el aire sucio y permitir que los monoplazas se siguieran más de cerca. Si bien al principio se observó una mejoría, con el tiempo los equipos encontraron formas de recuperar parte del “aire sucio” y, en consecuencia, la capacidad de adelantar volvió a disminuir. Este aprendizaje es clave para los técnicos de la FIA de cara a las regulaciones de 2026, donde buscarán optimizar aún más el espectáculo y la igualdad en pista.
Un dato interesante es cómo equipos como Red Bull o Mercedes han sido capaces de maximizar los vacíos legales en la reglamentación, explotando al máximo el conocimiento técnico disponible y colaborando con proveedores y expertos aerodinámicos para exprimir cada décima de rendimiento posible. Esta superioridad, combinada con la complejidad técnica, ha hecho que la diferencia entre los equipos de arriba y la zona media se hiciera más evidente en algunas temporadas.
Ante este panorama, Nikolas Tombazis, director del departamento de monoplazas de la FIA, ha admitido públicamente que, en retrospectiva, hay áreas en las que desearían haber actuado de manera diferente. Esta sinceridad es poco habitual en mundos tan cerrados como el de la Fórmula 1, pero demuestra un compromiso real con la mejora continua. Tombazis reconoce que “no acertaron en todo” y destaca la importancia de escuchar tanto a equipos como a pilotos, quienes han expresado inquietudes respecto a la facilidad de adelantamiento y la influencia negativa del aire sucio.
El próximo gran cambio llegará en 2026, año en que se implementarán nuevas regulaciones para motores híbridos y aerodinámica, en un intento de hacer los coches aún más eficientes, ligeros y –lo más importante– aptos para ofrecer batallas rueda a rueda en cada curva. Las lecciones recogidas durante los últimos años serán fundamentales para definir una normativa que, según promete la FIA, tendrá como prioridad absoluta el espectáculo deportivo y la reducción de las desigualdades presupuestarias y técnicas.
La Fórmula 1 es un laboratorio de innovación donde errores y aciertos marcan el camino hacia un mayor espectáculo. Aunque la FIA haya admitido sus “desaciertos”, este enfoque abierto y autocrítico es, en última instancia, lo que permitirá al Gran Circo evolucionar constantemente y garantizar a los aficionados carreras llenas de emoción, sorpresas y competitividad. La temporada 2026 promete romper moldes y, con la experiencia ganada, los fans pueden esperar una era aún más apasionante para el deporte rey del automovilismo.