Lewis Hamilton asumió la plena responsabilidad por su actuación en el Gran Premio de Bélgica, que calificó como decepcionante. Según explicó, su rendimiento se vio afectado por un accidente sufrido durante la última sesión de entrenamientos libres (FP3), en el que perdió el control en la curva 13 y dañó la parte trasera derecha de su Ferrari SF-26.
A pesar de que los mecánicos trabajaron para reparar el coche, Hamilton señaló que el equilibrio del monoplaza no fue el mismo durante la clasificación, lo que complicó su desempeño. Además, recibió una penalización de cinco segundos en carrera tras un incidente con George Russell, que él atribuyó a la posición comprometida en la que se encontraba después de la sesión clasificatoria.
Durante la carrera, Hamilton también tuvo un percance en boxes al golpear accidentalmente a un mecánico, lo que impidió ajustar el alerón delantero y afectó su rendimiento en la primera parte de la prueba con neumáticos duros.
A pesar de estos contratiempos, Hamilton destacó la mejora del equipo Ferrari en términos de estrategia y rendimiento durante el fin de semana. Consideró que, sin el daño sufrido en el accidente, habría tenido opciones para luchar por la victoria en Bélgica.
El piloto se comprometió a trabajar para mejorar su actuación en las próximas carreras, reconociendo que la situación vivida fue un punto complicado en su temporada. Su análisis refleja una autocrítica clara y un enfoque en superar las dificultades encontradas.
Este episodio subraya la importancia de la gestión del equilibrio del coche y la precisión en las maniobras, aspectos que pueden influir significativamente en el resultado final de una carrera. La experiencia de Hamilton en Bélgica muestra cómo pequeños incidentes pueden afectar el rendimiento global en un Gran Premio.
